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Storytelling: el usuario no compra el producto que ofreces, sino que compra lo que proyectas


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Por Andrés Elías.

Hace unos días, mi querida amiga y socia, Velmarie Hernández me invitó a su nuevo proyecto: Pizza y Comunicación, días antes de la grabación del podcast nos pusimos de acuerdo con el tema, quedamos en que grabaríamos un episodio que hable sobre storytelling. Días iban y venían y nuestras agendas no coincidían hasta que por fin nuestras agendas fueron compatibles.

Pero siempre me quedó la pregunta que se la hago públicamente ¿Por qué me pidió hablar a mi sobre storytelling?

Tengo varias hipótesis.

SI ustedes me siguen en redes sociales, verán que las utilizo como una forma de instalar mi propia narrativa, en estos momentos estoy contando en pequeños hilos cómo he transitado por momentos de irritabilidad que inclusive me llevaron a distanciarme de colegas tan admirados como Ramón Ramón o el argentino Mario Riorda.

No me da miedo compartir aspectos de mi vida, ni mostrarme como soy, siempre he sido muy abierto con mis emociones.

El storytelling tiene raíces muy primitivas, los seres humanos nos contábamos historias alrededor de la hoguera, luego dejamos inmortalizadas nuestras historias en cavernas, pirámides, papiros, con la llegada de la imprenta, las historias adquieren una mayor dimensión y con la llegada de la televisión, el cine y la radio le dieron un carácter masivo y las redes sociales las pusieron al alcance de todos en cualquier momento.

Mi madre fue mi primera storyteller, me narraba historias de lo duro que había sido el matrimonio con mi padre y me enseñó el valor de ser independiente. Esas historias que me narraba me ayudaron a crear una conexión emocional con ella que se fue acrecentando con la riqueza en detalles que fue profundizando con el tiempo.

Yo he tratado de hacer lo mismo con mi comunidad. No comunico para venderles nada, de hecho, quienes me siguen saben lo generoso que soy con mis conocimientos. En cada oportunidad que puedo cuento detalles de mi vida, por ejemplo, de cuándo estuve al borde de la quiebra en México y lo hago solo porque quiero conectar con mi audiencia. Porque he comprendido que contarles cada pedazo de mi vida, les permite sentirse que me conocen y en consecuencia empatizan conmigo.

Desde mi propia experiencia, te puedo decir que a veces he llevado al extremo el mostrarme tal como soy, los que trabajan conmigo en la agencia saben que soy un neurótico consumado y qué es un defecto con el que lucho a diario, he protagonizado episodios en vivo dónde discuto fuertemente con espectadores de un streaming.

Sí lo admito, soy un polemista y entiendo la naturaleza humana. Sé que la gente siempre se siente identificada con las personas que tienen personalidades originales, pero a veces confundía originalidad y ser yo mismo con humillar.

Y en varios foros, en vivo y en directo, barría el piso con mi adversario en un debate, era duro y no tomaba en cuenta sus emociones. Me disculpo.

Allende tuvo que escribirme por privado y decirme: “eres rompedor y todo, pero bájale tres rayitas”

El ego y la soberbia me hicieron caer en una excesiva sensibilidad que me hacía vulnerable a cualquier comentario negativo, algunas veces he tenido interacciones insultantes con haters que me escriben atacandome por correo electrónico.

Los que me siguen saben que me deprimí fuertemente al inicio de la pandemia y no me daba miedo comunicarlo, como les digo soy super abierto con mis emociones, algo que a mi esposa no le gusta porque dice que me muestro demasiado vulnerable.

En un chat de consultores me atreví a pedirles que no compartan historias del coronavirus, dicho sea de paso, no temía plantarle cara a cualquier consultor, cómo sea que se llame cuando no estaba de acuerdo con él.

No sé cuándo empecé a cambiar, si cuándo recordé que esas mismas emociones me tuvieron al borde de un infarto hace dos años o si me di cuenta que estaba cansado de estar irritado, lo cierto es que salí del bajón.

Y ahora estoy recogiendo los pedazos del desastre que hice.

Me he enfocado en mi agencia, en mejorar los servicios que ofrecemos a los clientes, en redefinir la industria e integrar innovaciones.

Aun sigo recorriendo este camino dónde al fin entendí que el conocimiento de uno mismo es lo que te permite saber qué áreas de tu vida cambiar. Mi enemigo está ahí, vive dentro de mí: el ego y la soberbia.

Sigo caminando, como dice la canción de Los Cafres

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